7 de febrero de 2012 | Actualizado: 13:06h
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170 CV, 182 kilos, una Superbike original y diferente MOTOWORLD.ES. FOTO: KTM.
El lema de KTM, Ready to Race (Lista para correr) es, probablemente, el que mejor describa a su deportiva RC8 R: una Superbike bicilíndrica de 170 CV y 182 kilos, unas cifras que hablan por sí solas… Pero que nadie se asuste. La KTM 1190 RC8 es una moto con la que la marca austriaca refrendaba su compromiso con la carretera y con la que entraba de lleno en el segmento más elitista del mercado: las 1000 superdeportivas. Entonces la primera superbike de la marca austriaca impresionó por su estética “sui generis”. Con unas líneas muy angulosas su aspecto llamó la atención por lo radical, por su toque muy personal. No había nada que se le pareciese. Los diseñadores de la RC8 habían sabido desmarcarse del resto con una moto que podía gustar o no, pero que no dejó a nadie indiferente. Ni estética ni dinámicamente, ya que la tanto por carretera como en circuito, la KTM mostró que al primer intento estaba a la altura de la difícil misión que le habían encomendado. Pero siendo como es la fábrica austriaca una marca que se caracteriza por respirar competición por los cuatro costados, era obvio que KTM prepararía la ya de por sí deportiva RC8, una versión todavía más radical. Y es que se trata de la más radical de las motos salidas de las cadenas de montaje de Matighofen, y transmite su personalidad desde cada uno de sus centímetros cuadrados. No hay concesiones para nada que no tenga que ver con un circuito. Para ello se ha seguido la fórmula magistral de las carreras: más potencia y menos peso. Mientras la RC8 pesa en orden de marcha sin gasolina 188 kilos, su homónima R marca en la báscula 182. Estos seis kilos se han ido arañando gramo a gramo: 150 gramos en el guardabarros delantero, más de un kilo en las llantas…
En cuanto a la potencia, el aumento de cilindrada hasta 1195 cc unido a una mayor compresión lleva la RC8 R hasta los 170CV -155CV en la RC8-. Por cierto, el motor, un V2 a 75º, es, con sus 62 kilos, de los más ligeros de la categoría. Esta configuración le otorga unos buenos bajos que garantizan una salida de los ángulos contundente, y a poco que nos empeñemos y… atrevamos, con la rueda trasera dejando largas marcas negras sobre el asfalto. Pero que nadie se asuste, los bajos de tractor del V2 austriaco no son ni peligrosos ni indomables. Por carretera ayudan a circular en marchas largas aprovechando su par motor. De hecho, a pesar de que no está diseñada ni pensada para ello, la RC8R resulta en este terreno bastante cómoda desde el punto de vista ergonómico y a la hora de pilotarla. La entrega de potencia es, a pesar del aumento de ésta, progresiva en la primera parte de la curva, para transformarse en una auténtica explosión cuando la aguja del cuentavueltas llega a 7.000 rpm. A partir de ahí el motor empuja con mucha fuerza aunque con control. La caja de cambio, probablemente el talón de Aquiles de su predecesora, ha sido rediseñada siendo ahora más precisa y efectiva, lo que ayuda a que el piloto se pueda centrar en lo que tiene delante. Los puntos muertos no existen y las marchas entran bien, tanto hacia arriba como hacia abajo; un diez. También el nuevo amortiguador se hace notar casi de inmediato. Trabaja mejor que el anterior prácticamente en todos los sentidos. Resulta más progresivo, menos seco, y mejora el comportamiento y tacto del tren trasero tanto al frenar y entrar en curva como después del ápice, cuando llega la hora de acelerar. La nueva suspensión posterior de la RC permite acelerar antes notando como la moto tracciona y avanza en dirección deseada; y eso, en circuito, son décimas. En este tipo de escenario también sale a relucir la rebaja de peso de la RC R frente a la menos guerrera RC. El recorte antes apuntado de casi un kilo en las llantas se nota claramente. Puede parecer un farol, pero es así. Los cambios de dirección son instantáneos: pensado, hecho. La agilidad es inusual para una superbike. La transición de recto a entrar en una curva es rapidísima, apoyada siempre en un tren delantero que transmite mucha seguridad que da mucha confianza en los apoyos fuertes y decididos. Con todo esto, el paso por curva de la RC8 R resulta rapidísimo; se disfruta pilotando. La RC8R es una moto que está a la altura de la competencia, que tal y como están las cosas, es mucho decir. Es cierto que frente a la ultimísima generación de motos japonesas y europeas le faltan soluciones electrónicas como curvas de potencia variables, control de tracción, aceleradores electrónicos, válvulas de escape, etc., pero su efectividad está certificada. Además, para los que todavía quieren más, los que buscan en RC8 R una moto de competición, KTM comercializa un “kit”, que denomina Club Race Kit, que incluye un escape Akrapovic, una junta de culata que sobre el papel aumenta las prestaciones hasta las ¡180 CV!, y el mapa específico para estas piezas… ¿Alguien da más?
Ficha técnica
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