23 de mayo de 2012 | Actualizado: 08:06h
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Una apreciada marca en el mercado de las motos clásicas JUAN RODRÍGUEZ. FOTO: J.R./MOTOWORLD.
Por más que Lube sea una marca modesta dentro del panorama de las clásicas, su reducido ámbito y el apreciado valor hacen que cualquiera de sus motos sea apreciada por su importante valor como pieza de colección.
Cualquier coleccionista que se precie gusta de tener piezas exóticas, casi exclusivas, en su colección. La Lube 100 es una moto curiosa de ver, al igual que sus hermanas. No siempre está presente en los salones de compra-venta o en los anuncios de clásicas. Uno de los motivos son las pocas unidades fabricadas y, otro, que no se sabe muy bien por qué esta marca española está algo olvidada. No ocurre lo mismo en Bilbao, donde goza de un prestigio merecido. No en vano, en Baracaldo es donde se encontraba la fábrica, que comenzó a trabajar sobre licencia NSU.
Menos mal que los propios dueños de una Lube son los que empiezan a difundir las extraordinarias cualidades y belleza de esta marca. Ellos son los primeros que han reconocido el valor que tuvo Luis Bejarano Murga, fundador de Lube –acrónimo de Luis Bejarano- al diseñar y construir estos modelos. Este aficionado, que empezó a correr con marcas inglesas, no paró hasta construir su propia moto en 1943. A partir de ese momento empezó una trayectoria de éxitos tanto en lo deportivo como en lo comercial hasta su cierre. Bien es verdad que no abundan muchos modelos de Lube para su restauración, y que el mercado de piezas de esta marca no es muy abundante, pero os aseguro que merece la pena localizar una, e intentar restaurarla. Estamos acostumbrados a ver otras marcas más “importantes”, como Montesa, Bultaco, etc, en los salones y en las páginas de compra-venta, con el aliciente de poder encontrar infinidad de recambios incluso fabricados nuevamente, pero restaurar una Lube tiene un sabor especial. Como podéis ver en las fotos, tienen un aire distinto. Este modelo, la Lube 100 de 1960, dispone de tres marchas. Su bello escape terminado en cola de pez le da un pequeño toque de distinción; también su depósito, en forma de lágrima, cromado, rodeado de un fileteado en color oro. Estos detalles aportan su granito de arena, la convierten en un modelo distinto, aunque el parecido con sus hermanas fue siempre muy similar, incluso a veces cuesta distinguirlas. Otro hecho a destacar de esta marca fue la introducción por primera vez de una suspensión por horquilla telescópica. Este acierto técnico se extendería posteriormente a todas las marcas de la época. Su único asiento también la da un toque distinto, aunque no fue obstáculo para que la necesidad de transporte de la época agudizara el ingenio de sus dueños, acolchando el portaequipajes y añadiendo dos reposapiés al basculante con el fin de poder llevar pasajero. A pesar de su escasa cilindrada tan sólo 99 cc y una potencia algo escasa de poco más de 5 CV, este modelo puede perfectamente con dos personas, siempre y cuando no nos empeñemos en intentar ascender el Everest. Compartir: |