23 de febrero de 2012 | Actualizado: 19:14h
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Por Juan Pedro de la Torre
El fin de año nos ha dejado, por fin, una buena noticia para el mundo de la moto: el Parlamento de Cataluña ha aprobado un conjunto de leyes que suponen la derogación de la ley de acceso al medio natural, que imperaba desde 1995, y convertía a los usuarios de la moto de campo en auténticos delincuentes. A partir de ahora se podrá circular por caminos de menos de cuatro metros de ancho. Si no eres usuario de la moto de campo quizás no alcances a comprender el significado de este importantísimo cambio. De la noche a la mañana se ha restituido un derecho fundamental para el usuario de la moto de campo, que se ha visto sometido a una persecución feroz y desproporcionada, a quien ni tan siquiera se le ha dado la oportunidad de disfrutar de una alternativa, una mínima regulación, luchando durante más de quince años contra una prohibición tajante y sin sentido. Porque eso es lo que se ha padecido en Cataluña, y lo que se sigue padeciendo de manera creciente en el resto de España, donde el acceso al medio natural se cierra a cal y canto. Las restricciones son cada vez mayores, no ya sólo para los vehículos motorizados, como si hubiera un especial interés en que nadie disfrutara de la naturaleza, de manera respetuosa, de las variadas formas en que puede hacerse, vaciando y abandonando el campo y la montaña a su suerte. La aprobación del paquete de la llamada Ley Ómnibus, un conjunto de leyes de acompañamiento a los presupuestos generales de Cataluña, tiene mucho mayor calado que el simple hecho de permitir a los usuarios motociclistas acceder al medio natural. Demuestra, sin duda, un decidido apoyo a la industria de la moto, que en Cataluña tiene vital importancia. Esta aprobación complementa la subvención extraordinaria –doce millones de euros- aprobada por la Generalitat con destino a catorce fabricantes del sector de la moto. No tendría sentido invertir dinero en la industria si luego ésta no vende sus productos porque los usuarios no pueden disfrutar de ellos.
Ahora lo necesario es que se produzca un efecto contagio en el resto de las Comunidades Autónomas, donde las restricciones y las persecuciones son cada vez mayores. Hay mucho de populismo y contrasentido en esta condena irracional de la moto de campo. Hay administraciones que gastan un dineral en dotar de medios a los agentes de la autoridad para perseguir a los usuarios motociclistas como si de cuatreros se tratara. Se ponen al servicio de los agentes costosísimos medios aéreos -la hora de vuelo de helicóptero cuesta unos 1.500 euros- y terrestres para intimidar a los usuarios, con despliegues de lo más peliculero, mientras que recortan en otros servicios públicos esenciales como la sanidad o la educación. O centrados en el medio natural, si ese dinero gastado en acosar a los usuarios de la moto de campo se hubiera invertido en cuadrillas de limpieza y poda de los bosques públicos, se habrían salvado muchas miles de hectáreas de los incendios forestales. Habrá que tener esperanza en que cunda el ejemplo catalán y que podamos volver a disfrutar del monte. Pero todo dependerá de nosotros, de los usuarios. De nada sirve que ahora nos devuelvan nuestros derechos si nosotros no cumplimos con nuestros deberes, y el primero de todos, el fundamental, es el respeto por el medio ambiente. Para muchos resulta incomprensible que se pueda conjugar moto y medio ambiente. Pero por mucho que sorprenda, el usuario de la moto de campo es un enamorado de la naturaleza. Gracias a la moto descubres parajes, disfrutas de paisajes, de flora y de fauna que, de otra forma, seguramente sería más difícil conocer. Ahora que en Cataluña nos devuelven nuestros derechos es el momento de demostrar nuestro civismo.
Da rabia tener que decirlo, pero parece que por el hecho de ir en moto tengamos que demostrar más que los demás, o hacer más esfuerzos que muchos que se llaman ecologistas. Todos conocemos o hemos participado en campañas de limpieza del campo promovidas por usuarios de vehículos a motor, que han sacrificado muchas mañanas de práctica de su afición para quitar basura de la montaña: toda esa mierda que muchos desaprensivos dejan en el campo, latas, bidones, colchones, electrodomésticos, neumáticos y demás morralla, no la dejamos los usuarios de la moto o el todoterreno, ni tampoco los cartuchos vacíos… Pero nos hacen a nosotros responsables del deterioro del monte. Pero el monte o la montaña también se deteriora si no se hace un uso del mismo. Los caminos se pierden si no se circula por ellos. Las sendas y las veredas se cierran. El simple paso por ellas establece corredores limpios de vegetación y maleza, y crean cortafuegos naturales. También es positivo desde el punto de vista del deporte, porque Cataluña siempre ha sido semillero de grandes campeones y de grandes competiciones, y en los últimos años había sufrido un severo retroceso en todos los aspectos. La nueva normativa hará que sea más sencilla la organización de carreras, y los deportistas, muchos de los cuales han sido perseguidos y multados durante sus entrenamientos, podrán desarrollar su actividad concentrados específicamente en su labor. En definitiva, celebremos este notable avance y confiemos en que Cataluña sea el principio de una actitud que se extienda por el resto de España. Y sobre todo, aprovechemos esta grandísima oportunidad. Tenemos que demostrar que la merecemos. Por último, quiero recordar y reconocer el trabajo desarrollado por diversas asociaciones que han trabajado y siguen trabajando sin descanso por recuperar los derechos de los usuarios de la moto de campo, destacando a las que más y mejor conozco, ACCAMN (Asociación Cultural Catalana de Acceso al Medio Natural) y AMVER (Asociación de Usuarios de la Moto Verde), y en especial a Jaume Mimó, fundador de ACCAMN, fallecido el año pasado, que fue la voz de la moto de campo en Cataluña, y cuya sensibilidad y trabajo ahora comienzan a ver sus frutos.
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