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Motoworld: las noticias del motociclismo

17 de mayo de 2012 | Actualizado: 13:28h

El diario de JP. Por Juan Pedro de la Torre

26/07/2011

Stoner y la autenticidad de la competición

Por Juan Pedro de la Torre

Todavía tengo muy presente las imágenes de la carrera de MotoGP, donde Casey Stoner hizo una gran demostración, devolviéndonos a la realidad. Nos las prometíamos muy felices por la recuperación realizada por Jorge Lorenzo en las últimas carreras, y casi nos olvidamos que Stoner tendría algo que decir. ¡Y vaya que si lo dijo!

Casey Stoner ha ganado la mitad de las carreras de MotoGP disputadas esta temporada, y terminado en el podio todos los Grandes Premios, salvo en Jerez, donde fue descabalgado por Valentino Rossi. Algunos parecían haberse olvidado de esos pequeños detalles infravalorando el rendimiento de Stoner en las últimas carreras gracias a la brillante recuperación de Jorge Lorenzo. Es verdad que el australiano había vivido ciertos problemas técnicos en las últimas carreras, como en Mugello, donde se quejó de la presión del neumático trasero –un error achacable al equipo-, o en Sachsenring, donde se lamentó de problemas de freno motor, aunque allí, seguramente, pesó mucho más que Lorenzo le arrebatara la segunda posición en la última curva. Y luego están las complicaciones de los entrenamientos en Laguna Seca, donde no se le vio cómodo en ningún momento, y si se mantuvo delante fue a base de valor.

Una de las cosas que hay que reconocerle a Stoner es su absoluta transparencia. Cuando está satisfecho con algo lo demuestra abiertamente, como hizo el domingo, donde se fundió en efusivos abrazos con su equipo, mostrando físicamente su agradecimiento, porque si Stoner pudo ganar el domingo fue gracias al buen trabajo realizado el sábado por la noche en el “box”, donde dieron con la clave. Y digo que Stoner es absolutamente transparente porque cuando no está a gusto o se encuentra molesto, también lo demuestra sin lugar a dudas. Su absoluta sinceridad es digna de elogio, y más en un sitio como el “paddock” de MotoGP, que cada vez se parece más a corte medieval con sus intrigas y estratagemas que a un escenario deportivo.

Precisamente por eso tengo que reconocer una especial simpatía por Stoner, que desde mi punto de vista es uno de los pilotos más sinceros del campeonato. No se guarda nada, y es así desde que llegó al Mundial hace diez temporadas. Cuando sale a pista no especula, va a lo suyo, a darlo todo. Basta con que preguntes a un fotógrafo. Si quieres saber quien va a fondo de principio a fin de un entrenamiento, pregunta a un fotógrafo, que son quienes más de cerca ven a los pilotos. Te dirán que Stoner va "a saco" de la primera a la última vuelta, y que no gasta ni una vuelta en contemplar el panorama.

Podría parecer que esa actitud no es la más adecuada tal como están las cosas en MotoGP, donde tan importante como ser rápido es ser especialmente ladino. Tampoco es que Stoner sea un alma cándida, pero no entra en ese juego que tanto le gusta jugar a Valentino Rossi, por ejemplo. Quizás en otro momento sí que lo hiciera, pero ahora ya no porque no lo necesita. Aunque algunos hablen de sus altibajos, que ya los quisieran muchos para sí, Stoner se muestra firme y seguro. No se puede hablar de altibajos cuando alguien ha ganado la mitad de las carreras que se han disputado y ha estado en el podio en todas las carreras que ha terminado, y cuyo único casillero en blanco no fue consecuencia de un error suyo.

Lo interesante de la carrera de Stoner en Laguna Seca es la capacidad de aprendizaje y adaptación que ha demostrado tener a estas alturas el australiano. Sabía que la de Estados Unidos iba a ser una carrera clave, y que sería fundamental para parar los pies a Lorenzo o darle definitivamente alas. Y de momento ha conseguido pararle los pies. Y Stoner lo ha hecho transformándose, adaptándose a las circunstancias, y aplicando lo aprendido. Hizo dos adelantamientos de libro, por la maniobra y por el mensaje que contenían. Fueron pasadas al límite en las que Pedrosa y Lorenzo pudieron leer que era el día de apostar fuerte, y ni uno ni otro disfrutaban de la condición física adecuada para hacerlo. Stoner lo sabía y aprovechó las circunstancias, aunque eso no resta mérito a sus valientes maniobras. Stoner supo aplicar una estrategia adecuada, y seguro que por su mente debió pasar en algún momento algún fotograma de la carrera de 2008.

Pero también me sorprendió gratamente Stoner porque ha aprendido a cambiar su estilo y a adaptarlo a las circunstancias. Casi todos concebimos las carreras de Stoner como escapadas en solitario. Me cuesta recordar una victoria suya que no haya comenzado así, rodando en cabeza, fugándose. Pues esta vez ha sabido ser paciente, siguiendo el ejemplo de Lorenzo. Stoner sabía que con neumáticos nuevos y depósito lleno no podría responder al demoledor ritmo de Lorenzo, y esperó su momento, midiendo con serenidad todos sus pasos en una estrategia de carrera perfecta e impecable. Fue como si él y Lorenzo se hubieran intercambiado los papeles.

Creo que este Mundial es uno de los mejores de los últimos años, puede que el mejor de la era de las 800, porque además de rodarse deprisa, se están rompiendo muchos estereotipos: Stoner no gana a la fuga; Lorenzo sale con ritmo desde el inicio; y Pedrosa se impone en las frenadas. ¡Ah!, y Rossi no es invulnerable.

Ahora que el Mundial de MotoGP vive un periodo de transición a la espera de iniciar un nueva etapa, la era post-Rossi, la gran preocupación de Dorna y de los medios es buscar un icono que ocupe el hueco que más pronto que tarde dejará libre Valentino. Hay tres pilotos que por su categoría están llamados a ocuparlo: Jorge Lorenzo, Casey Stoner y Dani Pedrosa. Pero sólo uno, Lorenzo, encaja en el perfil de estrella mediática. Ni Stoner ni mucho menos Pedrosa son pilotos comunicativos, que transmitan emoción más allá de las carreras. Pero quizás precisamente por eso nos interesa a todos que ganen peso en el campeonato, para que recupere valor lo que verdaderamente importa, lo que sucede en la pista: las carreras. Porque en los últimos tiempos el Mundial de MotoGP se estaba convirtiendo en un circo de tres pistas, y gracias a temporadas como la que estamos viviendo se recupera la autenticidad de la competición.

 

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