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8 de febrero de 2012 | Actualizado: 10:11h

El diario de JP. Por Juan Pedro de la Torre

16/08/2010

Resentimiento y orgullo, rencor y honor

Por Juan Pedro de la Torre

Resentimiento y orgullo, rencor y honor, fueron los sentimientos que impulsaron en 2003 a Valentino Rossi para abandonar su cómoda posición en Honda y aventurarse a seguir su carrera en Yamaha. Siete años después aquella hermosa historia que ambos comenzaron a escribir el 18 de abril de 2004 con su inolvidable victoria en Welkom, ha llegado a su fin.

Valentino Rossi está condenado a seguir ocho carreras más defendiendo los colores de Yamaha. Aunque la relación con su actual marca resulta en apariencia cordial, la situación es francamente más adversa de lo que lo fue en el verano de 2003, cuando tomó la decisión de dejar Honda para correr con Yamaha. En aquellos días hubo sentimientos que le impulsaron a tomar la decisión de abandonar Honda. Como él mismo ha reconocido en su autobiografía, “no se trataba de ganar otro título, se trataba de resentimiento y de orgullo, de rencor y de honor”. Y la situación actual parece calcada de la de entonces, aunque hay una notable diferencia: en 2003, hastiado y desencantado de Honda, había decidido dejar el equipo, pero lo hacía como claro dominador del campeonato, como el líder indiscutible de la especialidad. Ahora deja Yamaha con idénticos sentimientos, pero abandona el equipo superado por su joven compañero, saliendo de una lesión, y sin ser el piloto intimidante –por no decir invencible- que era entonces.

Esta situación alimenta su sentimiento de resentimiento. Rossi se ha despedido de Yamaha redactando una nota de su puño y letra, que puede parecer divertida o espontánea, pero cuyas palabras, a pesar de sus enmiendas, borrones y tachaduras, han sido medidas al detalle, sin ofrecer una sola palabra de agradecimiento hacia Yamaha. Enfoca su despedida desde un visión romántica y original, despidiéndose de su moto y sin decir adiós ni gracias a una fábrica y a un equipo que durante estos siete años de relación se ha volcado en el piloto italiano.

El amor eterno que ambas partes se profesaban ha llegado a su fin, en parte por la aparición de terceras personas, en este caso Jorge Lorenzo, el joven y talentoso piloto al que Rossi debió infravalorar en su llegada a MotoGP en 2008, pensando quizás que era, como había sucedido a lo largo de su trayectoria en la máxima categoría, un piloto de complemento, como en su día lo fueron Tohru Ukawa, Carlos Checa o Colin Edwards. Sólo un año después, Lorenzo ya había conseguido sacar de sus casillas a Rossi y había provocado los recelos del campeón. Ya en 2009 planteó su primera disyuntiva a Yamaha –o él o yo-, y la fábrica tomó la primera decisión que enervó al italiano: renovarles a ambos por una sola temporada.

Como le sucediera en 2003, cuando Rossi se sentía infravalorado por los responsables de HRC, ahora ha visto rebrotar aquellos viejos sentimientos. Su versión de la historia es que él rescató una moto despreciada por todos para convertirla en la mejor de la categoría: “Era una pobre moto de mitad de la parrilla de MotoGP, despreciada por mucho pilotos y trabajadores de MotoGP. Ahora, después de haberla ayudado a crecer y mejorar, puedes verla sonreír en su garaje, cortejada y admirada, tratada como la mejor de la clase”, dice en su nota de despedida. No le falta razón, pero como se trata de un trabajo colectivo, realiza un agradecimiento a las personas que colaboraron en la transformación de la M1, en especial a los ingenieros Furusawa, Nakajima y Atsumi. Pero en ningún caso hay un agradecimiento expreso a Yamaha por los años vividos.

Hace menos de dos años, en Motegi, cuando recuperó su cetro tras pasar dos años en manos de Nicky Hayden y Casey Stoner, todo eran parabienes y felicidad. Parecía amor eterno. La sala de prensa del Twin Ring Motegi se quedó pequeña para la rueda de prensa del título, y en ella Lin Jarvis, “managing director” del equipo Yamaha, se deshizo en elogios hacia Rossi. Su cara resplandecía hablando del italiano, de Lorenzo, de su equipo, en una temporada en la que habían ganado todos los títulos en juego: pilotos, constructores, escuderías y “Rookies”. Ahora el hombre que junto a Davide Brivio allanó el camino para la llegada de Rossi a Yamaha no se ha merecido ni un solo gesto.

La ruptura de relaciones se ha especificado este fin de semana en Brno, de forma absolutamente decepcionante. Hoy lunes ruedan los pilotos de MotoGP en el segundo entrenamiento de temporada, algunos como Lorenzo o Spies, los hombres que ocuparán las plazas del equipo oficial la próxima temporada, prueban las piezas de evolución que serán la base del prototipo 2011, unas mejoras que, seguramente, lleguen a disfrutar en algunas carreras del final de temporada. “Algunos las disfrutarán en las próximas carreras, pero yo no”, sentenció ayer por la tarde Rossi, poniendo de manifiesto su descontento como colofón a una carrera en la que, inexplicablemente, no consiguió rodar al ritmo de los entrenamientos. Situaciones como ésta pueden dar lugar a una nueva teoría de la conspiración, y mientras tanto pende en el aire la posibilidad de que Yamaha no autorice la presencia de Rossi con la Ducati en las pruebas de noviembre en Valencia. Ésta va a ser una historia larga, no se ha terminado con los comunicados oficiales de ayer.

 

 

 

 

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