17 de mayo de 2012 | Actualizado: 13:28h
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Por Juan Pedro de la Torre
Son muchos los que no entienden el por qué de su ausencia en Cataluña y en Silverstone, y algunos especulan con extrañas argumentaciones. Yo aplaudo su decisión de no correr: es, a mi modo de ver, la mayor victoria de Dani Pedrosa en su carrera deportiva. En los próximos días Dani Pedrosa va a tener que soportar uno de los mayores exámenes de su vida deportiva. Su decisión de no correr en el Gran Premio de Gran Bretaña el próximo fin de semana le va a poner en la picota, va a ser criticado, y su actitud va a ser objeto de todo tipo de comparaciones, por ejemplo, con la del veterano Colin Edwards, que después de romperse la clavícula el pasado viernes en los entrenamientos del Gran Premio de Cataluña, quiso correr el domingo –los médicos no le autorizaron- y está decidido a hacerlo en Silverstone. Pero si alguien lo hace, si alguien compara a uno y otro para desacreditar al piloto español, está cometiendo una injusticia con Pedrosa. Para mí, su decisión de no correr en Silverstone es la mayor victoria de su carrera deportiva. No se trata de un afirmación aduladora. Pienso en cuánto y de qué manera le golpea la fortuna –la mala fortuna- y resulta increíble comprobar la acumulación de acontecimientos negativos que confluyen en torno a él. Cuando parecía haber salido del túnel, superando la complicada lesión de su clavícula izquierda, completando su mejor arranque de la temporada en MotoGP, todo se gira de nuevo: el incidente con Simoncelli, uno como tantos que pasan en las carreras, termina en una lesión, y todo porque cae y el “airbag”, a pesar de funcionar correctamente, no consigue absorber el impacto sobre el arcén “positivo” -así se denomina- de Le Mans, provocando la fractura…
Repaso las declaraciones de Pedrosa tras su victoria en Portugal, vuelvo a oír la grabación, y resulta desgarradora la emoción con la que hablaba: “Ha sido muy estresante mentalmente estar cada entrenamiento pensando en que te pasa, que te vuelve a pasar, que estás mejor o peor, y salir a carrera sabiendo que te va a pasar… Eso sí que es duro. Han sido casi seis meses desde la caída con esto, y ojalá sea ya así para siempre”, decía, transmitiendo una sensación de paz indescriptible, y de felicidad, de sentirse francamente tranquilo porque veía la solución a un problema que le atenazaba y le ponía en una situación comprometida: tenía que seguir corriendo, dándolo todo en carrera, cumpliendo con su compromiso ante su equipo y su patrocinador, y con la duda de saber ni siquiera si podría hacerlo. La operación de abril le liberó. Pero la nueva lesión de mayo, le ha colocado de nuevo en una situación terrible. No creo que haya muchos pilotos que hayan tenido que pasar por esto de forma tan repetida, tan constante. Pedrosa se ha convertido en el eterno aspirante al título de MotoGP que, por una u otra circunstancia no redondea la faena. Pero lo más doloroso, lo más agotador psíquicamente, es que estas lesiones no siempre viene provocadas por él mismo: la fractura sufrida el año pasado en Japón fue provocada por un problema técnico, y la caída en Le Mans fue en un incidente con otro piloto, sin entrar en el acierto o no de la maniobra. Todo esto pesa y agota, sobre todo mentalmente. Y ha llegado el momento en que Pedrosa ha dicho basta. Y no es fácil parar cuando tienes detrás a un equipo de la dimensión de Honda ni a un patrocinador como Repsol. Porque Honda y Repsol apostaron por Pedrosa en 2006 para devolver a la marca japonesa la hegemonía en la máxima categoría, y después de la victoria –afortunada, hay que reconocerlo, pero victoria al fin y al cabo- de Nicky Hayden, estaba escrito que el hombre que tendría que devolver a la senda del éxito al binomio Honda-Repsol, habría de ser Dani Pedrosa. Pero no ha sido así. El tiempo ha pasado y ya Pedrosa no es el hombre referencia en HRC; ha llegado Casey Stoner y ha ocupado esa posición, multiplicando la presión sobre Pedrosa: la del propio piloto por conseguir no ya ser el mejor de la categoría, sino el mejor dentro de su propia escuadra; la presión del equipo que espera que dé el máximo; y la presión de un patrocinador que necesita un retorno publicitario que justifique todos estos años de inversión, y que no encuentra con los otros miembros de la escudería.
Todo esto se ha transformado en una gran bola de nieve que durante estas últimas temporadas ha rodado ladera abajo en el Mundial de MotoGP, engullendo los deseos, los sentimientos y las necesidades del piloto. Dicen que el tiempo lo cura todo, tiempo para lo físico y tiempo para limpiar la mente, pero la dinámica de la competición y su creciente exigencia sobre los pilotos les arrebata habitualmente la libertad de decidir, y deben aceptar la dinámica del campeonato, que con demasiada frecuencia se alimenta de heroicidades, que, yo me pregunto, ¿son necesarias de verdad? Y a veces, como periodista, me siento cómplice de esta situación porque a los medios de comunicación no nos viene mal la creación de ciertos mitos en torno de los pilotos, esa capacidad de sacrificio, ese ejemplo de superación… Pedrosa ha entrado repetidamente en esa dinámica de gestos inútiles, como fue, por ejemplo, viajar a Estados Unidos en 2008 tras lesionarse en Alemania, sabiéndose sin capacidad para afrontar la carrera. ¿Era necesario semejante traslado? Sin duda que no. Pero es lo que dicta la dinámica del campeonato. Desde hace tiempo tengo la sensación de que Pedrosa ha enfilado un camino sin retorno que le lleva sin remisión hacia una temprana retirada de la competición. Por agotamiento mental, por desgaste, hastiado de pelear contra su físico, contra todo. No hay ser vivo que aguante una y otra vez los golpes de la airada fortuna. Ahora Dani ha dicho basta. Y sus palabras acaban con absurdas especulaciones. Durante el pasado fin de semana corrían como la pólvora en la sala de prensa de Montmeló todo tipo de rumores en torno a su ausencia: que si una caída en bicicleta, que si haciendo supermotard… Se ironizaba con el término “accidente doméstico”. Hasta hubo alguno que se zambulló, sin rubor, en la especulación. La culpa de que se produzca tanto cotilleo de patio de vecindad que debería avergonzarnos como periodistas no es del todo nuestra, sino también de Pedrosa y su entorno, de su secretismo, de su incomunicación. Pero esto no ha de ser un atenuante ante las especulaciones. Puede que, quizás, Pedrosa también se haya cansado ya de esto, o al menos me da esa sensación, a la vista del comunicado emitido por Repsol, claro y meridiano: “Necesito sentirme seguro a la hora de subirme a la moto”, dice. “Es un momento en el que tengo que hacer caso a lo que dice la razón, y no sólo a mi corazón y a mis ganas por regresar”, añade después. Enhorabuena por la victoria.
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