17 de mayo de 2012 | Actualizado: 13:28h
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Por Juan Pedro de la Torre
Todavía colea el incidente entre Valentino Rossi y Casey Stoner. Aclarada la situación con los pilotos, que quedó en una lance de carrera como tantos otros, ahora la polémica se centra en los comisarios de pista, a los que el australiano acusa de volcarse en ayudar a Rossi desatendiéndolo a él. No es nada fácil la tarea: ni la de los controles, ni la de discernir si Stoner tiene razón o no. Hay gente que, sin pensárselo dos veces, se cambiaría por cualquier comisario de pista de un Gran Premio, aunque haga un tiempo de perros: ven las carreras en primera línea, de principio a fin, viven el ambiente como pocos, consiguen autógrafos y se hacen fotos con sus ídolos… En fin, que todo son ventajas… salvo en días como el domingo pasado, cuando se convierten en objeto de las iras de muchos. Lo sucedido tras la caída de Valentino Rossi y Casey Stoner ha disparado las críticas contra los comisarios de pista, porque, aparentemente, no fueron suficientemente diligentes asistiendo a Stoner, y se volcaron con Rossi. Hay muchas cosas a debatir. Lo primero es dejar claro que entre las labores de los comisarios está la de ayudar a levantar la moto de un piloto que ha caído, y asistirle para conseguir que reemprenda la marcha si el estado de la moto lo permite, como ha sido en este caso, según se establece en el reglamento deportivo. Es un trabajo de riesgo, porque todo esto se desarrolla en plena escapatoria, con más motos rodando cerca. Todos conocemos casos de accidentes en los que se han visto implicados los propios comisarios de pista mientras asistían a otro piloto. Pero como sucede con otras labores de riesgo, es un trabajo que hay que hacer, así que no hay que escudarse en la tensión del trabajo: hay que estar preparado para ello y hacerlo. Pero somos humanos y es inevitable sentir nervios en una situación así. El que no sienta tensión viendo una caída a unos pocos metros de él es que está muerto. Lo que hay conseguir es ser diligente y que el equipo trabaje de forma coordinada y con las ideas claras de cuál es la función de cada uno en el puesto.
Lo fácil es rendirnos a la evidencia y decir que la actuación de los comisarios fue perjudicial para Stoner, porque los planos de la retransmisión que pudimos ver nos mostraron una realidad parcial. La primera impresión de las imágenes de televisión es que fue poco menos así: siete u ocho comisarios ayudando a Rossi mientras que Stoner se deshacía en gestos para conseguir un empujoncito. Pero la imagen no fue completa; en este caso el ojo vio más que la cámara. En estos dos días he tenido la ocasión de ver diversos vídeos de aficionados en Youtube -¡viva la era digital!-, en los que se contempla la escena desde diferentes ángulos. Es cierto que son los controles los que ayudan a levantar la moto a Rossi, que se había trabado bajo la Ducati, y ninguno asiste en ese momento a Stoner, cuya Honda había quedado parcialmente sobre la Desmosedici y él mismo fue capaz de ponerla en pie. Y lo cierto es que ninguno empuja a Rossi: al quedar enganchado en la moto, Valentino pudo agarrar el embrague y conseguir que el motor no se parara, con lo que una vez en pie empezó a remar con sus largas piernas y salió rápidamente. Aquí viene el momento clave: mientras Rossi arrancaba los comisarios quedaron por un momento desorientados viendo cómo se iba, sin darse cuenta de que la moto de Stoner no funcionaba.
Las imágenes de la retransmisión engañan porque da la sensación de que hay siete u ocho comisarios empujando a Rossi, cuando en realizada lo que sucede es que se produce un verdadero tumulto alrededor de la Ducati intentando levantarla, y muchos controles se mueven en torno a la escena, pero apenas es uno el que se apoya en el colín con intención de empujar cuando arranca Rossi. La toma es trasera y la perspectiva tiende a confundir. Las tomas laterales de los videoaficionados ayudan a tener más clara la situación. Una situación que los periodistas no pudimos disfrutar en la tarde del domingo. Los que habéis estado en un Gran Premio sabéis de qué manera ruge una MotoGP al acelerar. Su sonido es tan ensordecedor que no se puede escuchar nada, y es imposible saber si la moto de al lado funciona o no. Hubo un comisario que se quedó tras Stoner, dubitativo, amagando el empujón, pero no fue hasta que Stoner comenzó a reclamar ayuda cuando los comisarios se dieron cuenta de que la moto no funcionaba y se abalanzaron, atropelladamente, sobre la Honda, iniciando una carrera para ponerla en marcha entre tropezones y caídas de algún comisario. Al final sólo quedó uno en la titánica tarea de empujar la RC212V en la leve pendiente de ese tramo, sin éxito. No hay que culpar de falta de pericia a los controles por no haber podido arrancar la moto de Stoner. La configuración de su embrague hace complicada esa labor, así que la Honda no arrancó, como probablemente tampoco habría arrancado en otra parte del circuito si no se dispone del arrancador que se emplea en el “pit lane”. Es momento de enfriar los ánimos y rebajar la tensión. Las casi cuatro semanas que restan hasta la próxima carrera van a hacer que todos lleguemos algo más serenos a Estoril, aunque me temo que en la escala de tensión -creciente- entre Stoner y Rossi, se ha rebasado el nivel máximo alcanzado en Laguna Seca 2008…
Fotos: Juan Carlos Toro del Río/MotoGP.com
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