7 de febrero de 2012 | Actualizado: 13:06h
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Por Juan Pedro de la Torre
No puede haber sido más grato el desenlace de la carrera de MotoGP en el Gran Premio de España, no sólo por el desenlace que ha permitido ver de nuevo a dos pilotos españoles, dos de los nuestros, en lo más alto del podio, sino también por el espectáculo que nos ofrecieron y su comportamiento impecable dentro y fuera de la pista. Los viejos y malos modos son ya, afortunadamente, un difuso recuerdo. El roce hace el cariño, eso dicen, aunque en el caso de Jorge Lorenzo y Dani Pedrosa no ha sido precisamente el roce lo que ha permitido que, por fin, tengan una relación cordial, todo lo cordial que se puede esperar de dos jóvenes campeones que aspiran a comerse el mundo y que año tras año, categoría tras categoría, han perseguido las mismas metas, los mismos objetivos, convertidos en acérrimos rivales casi desde su llegada al Mundial. A lo largo de las últimas ocho temporadas, uno y otro han rivalizado hasta el punto de protagonizar encendidas disputas, que han trascendido más allá de la pista, inflamadas comentarios y declaraciones, en muchos casos, ajenos a los pilotos. Hace sólo un par de años vimos como ni el propio Rey de España era capaz de arrancarles un apretón de manos directo, arrastrando pesadamente sus brazos hasta conectarlos sin tensión ni interés de ambos. Ahora, poco a poco, se han templado los ánimos, para bien de todos. Ya hace tiempo que su relación es todo lo normal que cabría esperar, pero en Jerez se ha instalado definitivamente entre ellos una relación de respeto. Puede ser más o menos sincera, o más o menos sentida, pero de la vieja y agria (e inútil) tensión ya no queda nada. “Dani ha estado muy valiente”, decía Lorenzo, deshaciéndose en elogios. “Nunca le había visto pelear como hoy”. Puede que ésta haya sido su carrera más vistosa en ese sentido. Pero todavía recuerdo otra carrera, en Motegi, en 2005, con el brazo lesionado –aún no sabía que tenía roto un hueso del hombro-, donde Pedrosa se defendió correoso como nunca, luchando por la segunda plaza mientras su compañero de entonces, Hiroshi Aoyama, se encaminaba hacia su primera victoria en el Mundial. Precisamente, allí se escenificó uno de los episodios más agrios de la relación entre Pedrosa y Lorenzo, porque el mallorquín se vio involucrado en un accidente junto a Alex de Angelis, con Pedrosa de por medio. Fueron los peores tiempos de su relación. Todo forma parte del pasado, ya muy lejano. Pero la misma garra de aquel día, en el que se sobrepuso a una situación adversa, la hemos visto en Jerez. Pedrosa no estaba nada satisfecho con su moto el sábado, se mostraba esquivo ante las preguntas sobre sus posibilidades de cara a la carrera. Y cuando se ha visto segundo, manteniendo el primer puesto hasta los dos últimos kilómetros de la carrera, no se lo podía creer. Muchas veces hemos dicho de Pedrosa que es un piloto que sólo sabe correr a gusto cuando tiene todo a su favor. Pero como sucediera aquel día en Motegi, en Jerez ha demostrado que su ansia por superarse es capaz de romper cualquier barrera. Pedrosa ha corrido con rabia, sacando de sí mismo lo que la moto no le daba.
Si los problemas de la Honda RC212V persisten, ¿cuántas carreras más se puede permitir Pedrosa correr en el filo de la navaja? No es una solución de un día para otro, y verse en una de éstas no puede llegar en peor momento, precisamente ahora que se ha reducido a la mínima expresión el número de entrenamientos durante la temporada (sólo podrán hacerlo hoy lunes en Jerez, y el lunes después del Gran Premio de la República Checa), y que sólo disfrutan de tres sesiones de entrenamientos de una hora y los veinte minutos del “warm up” de la mañana del domingo. Viendo que los cambios no funcionan, ¿era necesario transformar una moto que le permitió ganar el último Gran Premio de 2009, sumar seis podios en las siete últimas carreras, y la misma cantidad de puntos que Valentino Rossi desde la carrera de Brno? Esta moto no le gusta a Dani, y hasta le parece más lenta que la de 2009, pero ya no hay vuelta atrás. Tendrá que acostumbrarse a ella, transformarla en la medida de lo posible, y puede que, también aquí, el roce termine haciendo el cariño. Compartir: |
