17 de mayo de 2012 | Actualizado: 13:28h
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Por Juan Pedro de la Torre
Durante algunas vueltas, las carrera de MotoGP del Gran Premio de Qatar me ha traído a la memoria viejos y buenos recuerdos. Viendo en cabeza a dos Honda pintadas con los colores de Repsol, con un australiano y un español, me he sentido transportado quince años atrás… Dicen que las imágenes del pasado las recordamos con cariño porque nos evocan un tiempo en el que éramos más jóvenes, y ya sólo por eso las consideramos buenos recuerdos. Anoche, durante mucho tiempo, mientras veía la carrera de MotoGP del Gran Premio de Qatar, me vino a la memoria la temporada 1996 -aunque esta imagen es de 1997-, cuando Mick Doohan y Alex Crivillé se encontraron cara a cara por primera vez. Viendo a Casey Stoner y Dani Pedrosa, corriendo codo con codo, como en una armoniosa coreografía, cerraba los ojos y veía a Doohan marcando el ritmo y a un joven Crivillé ciego a su rueda. Pero aunque la imagen evocaba aquel tiempo pasado, no tiene, ni por asomo, nada que ver con la situación actual. En 1996 Doohan y Crivillé representaban dos generaciones distintas, dos mundos completamente diferentes. E incluso sus orígenes y su llegada al campeonato no tenían la menor similitud. Pero eran un australiano y un español con los mismos colores, como ahora. Stoner y Pedrosa son dos pilotos que han tenido mucho en común: la misma edad, ambos empezaron en 125, fueron formados en el entorno de Alberto Puig, aunque Stoner enseguida voló a su aire. Se conocen bien desde hace diez años, y durante todo ese tiempo sus caminos se han cruzado varias veces. Primero en 125, con Pedrosa siempre siguiendo la línea marcada para ser campeón mientras que Stoner saltaba del equipo de Cecchinello al de KTM y viceversa. En 2005 se disputaron el título de 250, y el australiano apretó las clavijas a Pedrosa a raíz de la lesión que sufrió en Japón. Pero se fue al suelo en Australia, y ahí se acabó todo.
Empezaron su andadura en MotoGP al mismo tiempo: Pedrosa desde el equipo de fábrica y Stoner de la mano de Cecchinello. Pero en cuanto tuvo la oportunidad de que una fábrica se pusiera a su servicio, Stoner la aprovechó. Ganó MotoGP en 2007. Pedrosa lo sigue intentando, y puede que esta temporada disponga de la herramienta adecuada para conseguirlo… con permiso de Stoner… y alguno más, claro. Los dos se llevan bien, todo lo bien que se pueden llevar dos rivales. Se llevan todo lo bien que se pueden llevarse dos compañeros de equipo que saben que sólo uno de los dos se puede llevar los laureles. Se respetan. Pero llega un momento en las carreras en las que tu primer objetivo es ganar a tu compañero, sobre todo cuando tu compañero se convierte en tu más serio rival. Y no porque no haya otros rivales fuera de las carreras, sino porque lo que un piloto nunca puede permitirse es que no se le considere como la persona más importante de la escudería. Puede parecer un punto de vista excesivamente ególatra o egoísta, pero es así. No sólo hay que ganar carreras sino que hay que conseguir que toda la atención del equipo sea sobre ti, sin dejar nada a nadie. Así de voraz. Eso me vuelve a recordar a Doohan y Crivillé. Cuando el “noi de Seva” llegó a HRC en 1994, Doohan apenas le prestó atención. Cuando se hizo notar en 1995, el australiano se mostró extremadamente cordial con el novato, y fue más allá, como ha reconocido el propio Crivillé, estableciendo una insólita buena relación. Pero todo se vino abajo cuando Alex se convirtió en la mosca cojonera que le incordiaba una carrera sí y otro también. Y Doohan cortó la relación porque el vecino de al lado se convirtió en el rival más peligroso. Y tengo la sensación que eso mismo terminará pasando con Stoner y Pedrosa si los dos se mantienen delante y ganando, aunque no de una forma tan cruenta como la escenificada por Doohan y Crivillé en Eastern Creek, en la última carrera de 1996, cuando ambos se despacharon a gusto el uno con el otro.
La teoría de la pretemporada señalaba a Stoner y Pedrosa como los hombres a batir, y casi ha sido así. A Pedrosa le ha fallado el brazo lesionado en Motegi, algo que ha resultado inesperado después de haberle oído decir durante todo este invierno que la lesión parecía superada y que por primera vez había llegado a la pretemporada sin lastres físicos. Pero la verdad es que hasta ahora Pedrosa no se había sometido al examen de hacer un simulacro de carrera para conocer la situación real de su hombro. De momento no sabemos si es una situación puntual o si se puede repetir en el futuro, pero de ser así, ya vemos que eso compromete su rendimiento. Pero pensemos, con todas nuestras fuerzas, que eso no va a suceder. Que Stoner y Pedrosa volverán a encontrarse en Jerez, o en cualquier otra pista, peleando por la victoria. Este “dejà vu” no es exactamente fiel, porque entre ellos se interfiere Jorge Lorenzo, mientras que entre Doohan y Crivillé no hubo nadie de por medio con la solidez suficiente como para interponerse.
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