17 de mayo de 2012 | Actualizado: 13:28h
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Por Juan Pedro de la Torre
Mal empezaba el Gran Premio de Francia con el ambiente innecesariamente caldeado por las declaraciones cruzadas de unos y otros, al borde de la crispación, y mal ha terminado, con una maniobra discutida y discutible, que ha originado una riada de opiniones contrarias a Marco Simoncelli, a quien se está sometiendo a un linchamiento público. Para algunos el hecho de que el propio Valentino Rossi, el gran valedor de Marco Simoncelli, haya llegado a decir que, quizás Simoncelli haya sido excesivamente agresivo hoy, es suficiente argumentación para afirmar que Simoncelli cometió un error, pero creo que es necesario profundizar en lo sucedido en Le Mans porque nos encontramos ante un hecho de bastante gravedad y trascendencia, que llega alimentado por una innecesaria polémica previa, en la que tenemos responsabilidad diferentes actores del campeonato: pilotos, dirección de carrera, y también la prensa. Si Dani Pedrosa no se hubiera roto la clavícula como consecuencia del incidente, se podría hablar con más frialdad del asunto, pero cuesta decir las cosas cuando hay un lesionado de por medio. O quizás resulte difícil que se asimilen opiniones, como la mía, que seguramente se salen del punto de vista común.
A mi juicio, el linchamiento al que se somete a Simoncelli, no ya ahora, sino con antelación a esta carrera, carece de sentido. Es cierto que el italiano viene precedido de una conducta merecedora de castigo, porque su etapa en el Mundial de 250 contó con bastantes incidentes, algunos especialmente graves, como el que se produjo en 2008 en Mugello, cuando tiró a Héctor Barberá en plena recta de meta, a 250 km/h. Sobre aquello la Dirección de Carrera no sólo no actuó directamente en caliente y de inmediato, como ha hecho hoy, sino que pasó de largo. No fue merecedor ni siquiera de un aviso. Sólo un año después, cuando sacó de pista a Álvaro Bautista también en Mugello, fue cuando se le dio una llamada de atención, aunque en aquella ocasión Bautista no se cayó, afortunadamente. Pero en MotoGP Simoncelli no ha sido –o no lo hemos visto- tan agresivo como lo fue en 250. No dudo que Jorge Lorenzo y todos los que critican a Simoncelli quejándose de su comportamiento, puedan tener razón, pero la Dirección de Carrera no había encontrado motivo hasta hoy para sancionar a Simoncelli. Pero los responsables del campeonato, los encargados de velar por el orden en el plano deportivo, tampoco ha sabido hacer una llamada de atención ante la creciente tensión. Y Paul Butler, el director de carrera de MotoGP, ha sido poco inteligente con sus declaraciones diciendo que el motociclismo es un deporte de contacto, por más que luego hayan dicho que se trata de declaraciones sacadas de contexto. Si han puesto en su boca semejantes palabras es porque así lo ha dicho. Y no estoy en absoluto de acuerdo con que el motociclismo sea un deporte de contacto. Para nada. Nunca lo ha sido y no debe serlo ahora. Quizás la prensa haya sido irresponsable apoyando y alentando los comentarios de Rossi, que hablaba con cierto tono épico de las luchas entre pilotos en el pasado. Puede que sea muy vistoso llenar titulares con las palabras de Rossi, mientras llama niñatos a los pilotos de ahora y les reclama mayor hombría. Y como si de un concurso a la mejor ocurrencia, Lorenzo le replica lo vergonzoso que es que te ganen unos críos cada fin de semana... Y desde el patio de butacas, hala, la prensa, jaleando el combate dialéctico. ¡Pero qué listos somos todos!
La bola de nieve ha crecido sin que nadie haya conseguido detenerla. ¿Y qué ha pasado? Que hay un piloto con una clavícula rota. Y ahora todos a poner la venda en la herida… ¡Qué fácil! Ahora, los que hablaban de la épica de las carreras, los que echaban de menos los tiempos en los que los pilotos volvían a sus garajes con la ruedas de sus rivales marcadas en el carenado, dicen que Simoncelli se ha pasado tres pueblos… Hasta Rossi ha bendecido la decisión al no poder encontrar argumentos para justificar la acción de Simoncelli. Parece que con eso ya todos se dan por satisfechos. La Dirección de Carrera debe sentirse orgullosa con su actuación, pero le invito a reflexionar sobre la lectura de las palabras de Pedrosa: “Me voy de aquí con la clavícula rota y Simoncelli con una penalización “ride through”. Es muy injusto, no me lo merezco", ha dicho el piloto español. Y tiene más razón que un santo. La maniobra que se ha saldado con una lesión de un piloto le ha costado al infractor sólo nueve puntos en el campeonato: los nueve puntos perdidos al cumplir el “ride through”. Me ha sorprendido mucho la reacción de la Direccón de Carrera, que es poco amiga de actuar de oficio, como lo ha hecho hoy. De hecho, no me consta ninguna actuación de oficio en los últimos años sin una reclamación de por medio. Por eso resulta sorprendente tanto la inmediatez de su actuación como la penalización en sí mismo. Es incoherente. La supuesta temeridad de Jorge Lorenzo en Motegi 2005 –que venía precedida de varios excesos de agresividad del piloto en Cataluña y Alemania- se penalizó con una carrera de suspensión, y sin que hubiera ningún lesionado de por medio. ¿No habría sido más justo sacarle de carrera, o sancionarle con una carrera de suspensión, como se hizo en aquella ocasión con Lorenzo?
Ésta es la argumentación que hago en torno a lo sucedido, pero empezaba diciendo que mi opinión se sale del punto de vista común. Y lo digo porque considero que Simoncelli hoy no ha hecho nada especialmente grave. Es probable que haya cometido un error, que no haya dejado un margen suficiente sobre Pedrosa, como también es probable que Pedrosa se haya equivocado al trazar la “chicane”, que abordaba con una trayectoria diferente, desde el centro de la pista, y con Simoncelli por delante de él en el momento de meter la motor en la primera de izquierdas. Simoncelli no ha hecho una extraña maniobra por el exterior, se ha encontrado en ese punto de la pista porque Pedrosa, que lo ha adelantado en la recta, ha frenado antes y el italiano ha llegado por delante a la curva. Después se ha producido el contacto entre ambos, como tantos en las carreras, pero no considero que Simoncelli haya sido significativamente más peligroso hoy de lo que haya podido serlo en otras ocasiones. Es más: estoy seguro que de no haber sido por el ambiente que se ha generado en torno suyo, la acción no habría sido penalizada. Si la maniobra la hubiera protagonizado otro, no habría habido sanción, y habría sido asumida como un desafortunado lance de carrera. Yo por mi parte, aún estando en desacuerdo con la sanción impuesta por la Dirección de Carrera, acojo con un ánimo esperanzador esa respuesta. Han reaccionado y han tomado una decisión inmediata, y eso hay que aplaudirlo, porque lo raro es que se manifieste de semejante manera. “Al menos la Dirección de Carrera ha tomado una decisión, ¡lo cual resulta extraño!”, dijo Casey Stoner por la mañana, después de que le fuera impuesta una sanción de 5.000 euros por golpear a Randy de Puniet durante los entrenamientos. Y tiene toda la razón del mundo el australiano, porque solía pasar de puntillas sobre determinados aspectos. Y su rápida reacción ante Simoncelli confirma una posición aparentemente más firme. Sólo hay que lamentar que esa manifestación de autoridad haya llegado tan tarde. Su laxitud en la aplicación del reglamento es la que ha dado alas a determinadas actitudes que en diferentes momentos han puesto en grave riesgo a algunos pilotos. Esa falta de autoridad y cierta condescendencia con determinados egos han generado muchas tensiones, antes y ahora, dando lugar a un trato desigual entre los pilotos. Igual que Lorenzo acusó una notable severidad en el trato durante su etapa en 250 que luego no se vio en otros pilotos, merecedores de semejante respuesta, ahora Simoncelli se ve catalogado con la etiqueta de chico malo en la parrilla de MotoGP. Pero siendo sinceros, ni el italiano es tan malo ahora como santo lo era antes. Dejémonos de declaraciones cruzadas y de grandes titulares, y seamos todos más serios, que hay mucho en juego. Las carreras no son una cuestión de hombría, sino de sentido común.
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